Hong Kong es diferente

Después de estar mas de 20 días en China, visitando desde ciudades más cosmopolitas como Shanghái y otras pequeñas como Lijiang en la región del Tíbet, llegar a Hong Kong fue una experiencia diferente.
Si bien Hong Kong es parte de China desde 1997 (SAR, Región administrativa especial) y ya dejó de estar bajo bandera inglesa, podemos decir que es muy diferente. En primer lugar es necesario hacer migraciones de salida de China y entrada a Hong Kong (aunque al menos para los argentinos, en Hong Kong no necesitamos tramitar previamente una visa de entrada, mientras que para viajar a China si es necesario), además de esto también la moneda es distinta. Dejan de tener utilidad los Yuanes chinos y vas a tener que tener en tu billetera dólares hongkoneses.

Las diferencias recién empiezan. La conducción es diferente, mientras en Hong Kong lo hacen a la izquierda como en Inglaterra en China lo hacen a la derecha como en Argentina.
Luego de convivir con el desorden chino donde, en general, poco se respeta; Hong Kong nos mostró algo diferente.

En China viajar en taxi suele ser barato aunque muchas veces podes quedarte varado en algún atasco de tránsito. Es muy difícil comunicarte con el chofer, así que hay que ir preparado con la información detallada de donde se quiere ir escrita en chino y de ser posible con un mapa indicativo.

Todos los choferes cuentan con su termo con té de hierbas y todo el tiempo, pero todo el tiempo, se lo pasan bajando la ventanilla del auto para escupir a la calle. No importa clima, ni los pasajeros que lleve, simplemente a cada instante van bajando la ventanilla, escupen y vuelven a subirla. Irrespetuosos? Sucios? No lo sé, solo es su forma, parte de su cultura. En la calle se puede ver a decenas de personas en una parada de colectivos y de golpe escuchar una sinfonía de escupidas, todos (tanto hombres como mujeres) escupiendo a la calle. Caminar por el medio de una peatonal en el centro de la ciudad y ver que escupen al piso de forma ruidosa y siguen su camino. Los más educados se acercan a un cesto de basura para hacerlo.

Hong Kong es bien diferente en este aspecto. Desde la llegada al aeropuerto las cosas fueron distintas. Mientras que en China, al llegar a alguno de los mega aeropuertos tenias que ir en busca de un taxi y podías ver a muchas personas con dudosa presencia ofreciéndote llevarte, en Hong Kong todo está señalizado y resulta sencillo desplazarse.
En China continental, muchas veces, es necesario negociar la tarifa del taxi antes de subirse y tratar de hacerse entender dónde ir. La batalla no termina ahí, hay que fijarse que no quieran llevarte a otro sitio o simplemente que el reloj del taxi funcione correctamente para que la tarifa no te sorprenda al llegar a tu destino.
Luego de varias semanas en China, esperaba algo similar al llegar a la isla de Hong Kong, pero para mi sorpresa, la experiencia fue muy diferente.

Al pasar migraciones solo necesitamos seguir la señalización de flechas que indican la zona de taxis. Al acercarnos al sector, un gran cartel reflejaba los nombres de las diferentes zonas de Hong Kong donde podías dirigirte y de acuerdo a donde ibas debías elegir el color correspondiente.

Podes elegir 3 alternativas y cada una de ellas tiene su camino con su flecha, todo muy ordenado, con instrucciones simples, rápidas de entender y en inglés. Pero no terminaba ahí, en nuestro caso nos tocaba el color rojo (por la zona de la ciudad donde nos dirigimos, Tsim Sha Tsui), al comenzar a caminar por nuestro carril se acerca un chico uniformado y con un perfecto inglés nos pregunta hacia que zona íbamos. Nos reafirma que estamos en la fila correcta y nos entrega un pequeño folleto con el mapa del recorrido, las zonas marcadas y la tarifa que debía cobrarnos el taxista. Luego continuamos por la fila hasta el final, otra señora nos llama cuando un taxi aparece listo para abordar y nos extiende una pequeña tarjeta mientras el chofer del taxi carga nuestro equipaje en el baúl del auto.

La tarjeta contenía todas las instrucciones sobre cómo se debía calcular la tarifa del taxi, además de esto la mujer nos volvió a indicar la tarifa y por ultimo en la tarjeta anotó la identificación del taxi que nos llevaría, indicándonos que ante cualquier inconveniente podíamos comunicarnos al teléfono que allí figuraba para gestionar algún reclamo o la ayuda que necesitáramos. Sorprendidos del orden, subimos al taxi y nos acomodamos. El taxista con un perfecto inglés nos hizo una broma respecto del hotel al que nos dirigíamos (Salisbury YMCA), haciendo referencia a la coreografía de la famosa canción Village People, y activo el reloj del taxi. Luego de varios kilómetros y casi 40 minutos llegamos al destino, para mi sorpresa el reloj coincidía exactamente con el valor puesto en la cartelera e indicado en el aeropuerto (280 dólares de Hong Kong). Rápido, simple, sin sorpresas ni stress.

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